Con perspectiva sureña
Antonia Merino

Un virus sin fin

Comienza el tiempo de descuento para despedir al 2021 y dar la bienvenida a un incierto 2022. Ha llegado el momento de mirar atrás y hacer balance de un año...

Comienza el tiempo de descuento para despedir al 2021 y dar la bienvenida a un incierto 2022. Ha llegado el momento de mirar atrás y hacer balance de un año protagonizado por el coronavirus y sus diversas variantes para dar así mayor emoción si cabe a un desconocido escenario que jamás hubiéramos vislumbrado vivir en pleno siglo XXI. Vamos camino de los dos años y aquí seguimos lidiando contra un bichito que ha trastocado nuestras relaciones y nuestro modo de vida. Hemos hecho de la mascarilla el accesorio imprescindible e incluso se ha adaptado a las modas con creaciones de talentosos diseñadores. Es nuestra compañera inseparable al igual que portamos el Documento Nacional de Identidad o la tarjeta de la Seguridad Social, es imposible salir de casa sin llevar a mano el “tapabocas”. Pero 2021 es el año de las vacunas (Pfizer, Moderna, AstraZeneca o Janssen) y de las grandes farmacéuticas que han disparado su negocio. Llegaron las primeras dosis a los países más prósperos a la par que surgían los primeros negacionistas reacios a vacunarse, mientras los países de menos renta se convirtieron en los grandes olvidados en esta carrera contrarreloj para frenar la pandemia. Casi un año después del pistoletazo de salida de las campañas de vacunación contra el coronavirus, millones de personas inmunizadas se han remangado para recibir inyecciones de refuerzo en varios países. El ritmo ágil de la administración de las terceras dosis, algunos ya van por la cuarta -veáse Israel-, contrasta con el lento avance de la vacunación en las regiones más empobrecidas, que dependen de las donaciones internacionales para su suministro. El 87% de los vacunados pertenece a países ricos, mientras que en los menos desarrollados apenas se ha llegado al 0,2% de la población; un triste balance para un año que se despide a la par que los contagios vuelven a repuntar a causa de una nueva variante, la denominada Ómicron (procedente del continente africano) de la que desconocemos si es más contagiosa o más letal. Pero tras Ómicron posiblemente vendrán otras variantes si no se produce una distribución justa y equitativa de las vacunas. Con esas cifras de vacunación en los países no desarrollados, el virus seguirá presente en nuestras vidas. Si a ello le sumamos el riesgo provocado por los negacionistas y su rechazo a la vacuna, sirva de ejemplo el caso alemán, es innegable que 2022 no será el año que esperábamos y mucho menos el que deseamos.