Detrás de la columna

Juan Manuel Arévalo Badía

Cuando los dioses ardieron

La pluma propone y la tinta dispone. El verano ha comenzado de forma atroz, pese a las notables estupideces del negacionismo medioambiental de la ultra...

La pluma propone y la tinta dispone. El verano ha comenzado de forma atroz, pese a las notables estupideces del negacionismo medioambiental de la ultra derecha y de la prima de eme punto Rajoy y seguidores. Hace unos años se condenó a Grecia a la austeridad con el fin de que la banca europea pudiera cobrar sus empréstitos y no perder sus inversiones. Pensiones, masa salarial, funcionarios, etc., vieron como esa decisión de la derecha neoliberal comunitaria los arrojaba a la pobreza. Servicios como la limpieza forestal y la inversión medioambiental se detuvieron. El cambio climático se ensañó de tal manera con la vieja Grecia homérica, que los dioses del olimpo no pudieron hacer valer sus poderes para detener la maldad de Hefesto, dios del fuego. Todo se consumió. Esto que quizás pueda sonar a un medio relato de las tragedias griegas, se repite nuevamente en la piel hispánica. La Covid puso en evidencia el agujero del sistema sanitario, que además esta descentralizado en las comunidades autónomas. La crisis climática deja en evidencia la falta de inversiones autonómicas en el tratamiento de las masas forestales y su limpieza preventiva. Alejados de las manos de esos dioses protectores, la península cuniculosa de Catulo, arde por los cuatro costados. Esta columna siempre ha tenido “unas gotas de sangre jacobina” por aquello de la latitud y longitud del entendimiento político hispano, forma por lo que se ve común, de administrar el peculio que se le asigna, por razón de las estructuras que decidimos asignarnos en nuestra Constitución. Es por eso que le invade al opinador un sentimiento de náufrago en el mar de la civilidad. Los daños causados tardarán varias generaciones en repararse. Unos dejarán de contemplar el entorno natural que tanta paz y armonía les proporcionaba al sentirse parte de ello. Otros perderán bienes y negocio (ganadería, turismo) y otros perderán la vida tratando de proteger aquello que se pudo haber evitado con las partidas presupuestarias adecuadas y con la necesaria atención al medio natural. Quien está detrás de la columna ya está instalado en su mirador veraniego y contempla con agrado y esperanza, esa serrezuela pegalajeña, y tras ella los montes de Mágina; hacia el sur las elevaciones de Grajales, Los Propios y la Pandera. Mi cometa japonesa, movida por el aire solano, eleva todos los días su plegaria, para que esos horizontes no cambien de color.