El arpa de Dorotea

Juan Manuel Vallecillo

Antonio Hernando presenta en Madrid “La liturgia eléctrica”

Por fin la luz se abre camino. Acabamos de atravesar un nuevo solsticio de invierno y los días empiezan a crecer. Supongo que ese es el origen primigenio...

 Antonio Hernando presenta en Madrid “La liturgia eléctrica”

Foto: Javier Jimeno Maté

Antonio Hermando.


Por fin la luz se abre camino. Acabamos de atravesar un nuevo solsticio de invierno y los días empiezan a crecer. Supongo que ese es el origen primigenio de estas fiestas y no es tampoco un mal motivo el hecho de celebrar que la claridad empieza a remontar frente a las tinieblas o que ha vuelto a amanecer tras la noche más larga y oscura. Con respecto a la astronomía, dicen que la noche más oscura ocurrió el 21 de diciembre de 2010. Ese día coincidió el solsticio con un eclipse lunar. Un extraño suceso del que sólo se conoce un precedente en 1638 y que no volverá a ocurrir hasta el 2094. Precisamente en 2010, Antonio Hernando grababa su primer disco llamado "Haciendo ruido" y, desde entonces hasta ahora, ha ido ganándole terreno a la sombra del anonimato y su lucidez se ha impuesto a la opaca mediocridad que, a veces, hay en la música.
Quizá por todo esto, con los inquietantes acordes de "La noche oscura" comenzaba un increíble concierto en el que el compositor jiennense presentaba en Madrid su impresionante último álbum "La liturgia eléctrica" el pasado jueves día 16 de diciembre. La famosa sala "Café Berlín" se llenaba debido a, entre muchas razones, la expectación generada por ver a once músicos en el escenario interpretando la autenticidad de los temas creados por Antonio Hernando. La primera gran sorpresa no se hizo esperar. Nadie sospechaba que el rock "Punto de partida" de cuando el cantautor lideraba "La banda de trapo" se tocara esa noche. Esta y cada una de las composiciones sonaron seductoras gracias a la sección de vientos con Alex Otheguy a la trompeta, Jorge Moreno al trombón y Dani Herrero al saxofón. Hasta ese momento eran ocho sobre las tablas pero como lo prometido es deuda, el artista antes apodado Petete presentó a las Tipitinas. Las tres coristas magas (Meri Moon, Laura Rubio y Laura Chicón) que de la alegría crearon energía transformando las canciones en himnos. Ya todos juntos, disfrutones, desbordantes y contundentes, nos deleitaban con el inspirado swing "Santos y sicarios" y el emotivo soul "Como los demás". Andrés Chapapote a los teclados supo dar el ambiente perfecto cuando llegó la hora de pasar lista con el siempre coreado "Mighty beat" de su álbum "Los 30 aullidos" y, después, con la dylaniana "Perdido". Tras una fronteriza "Elvis ha abandonado el edificio", Hernando homenajeaba a Peter Green versionando el "Oh Well" de Fleetwood Mac, se reencarnaba, megáfono en mano, en un jefe de pista circense para acabar "Los mayores perdedores del mundo" y, junto a su talentoso guitarrista Javier Quintana, nos ofrecía dos espectaculares duelos a las cuerdas en la rockera "El aguacero" y en la setentera "Entre el polvo y mi ataúd". A estas alturas, todos los asistentes alucinaban al comprobar que el recital era un festival y la presentación, una exhibición de música y buen rollo. La base rítmica con Dani Patillas al bajo y Nacho Lab a la batería tuvo gran parte de culpa en estas sensaciones. Entonces, el showman de Jaén procedió a lanzar las últimas cuatro bombas: el género de Nueva Orleans triunfaba con "Bye, Doctor", el mejor rock and roll se llamaba "Meri Moon", la armónica de Hernando se unía a la gran orquesta y lo hacía "A la manera de Arturo Bandini" y, al final, como no podía ser de otra manera, "La liturgia eléctrica" merecía "El triunfo del predicador". Un milagroso góspel que vistió de alabanzas las plegarias y elevó nuestro espíritu hacia el cielo.
Antonio Hernando, hoy por hoy, es uno de los más refulgentes faros que iluminan mi pasión por la música. Pero además, tras su concierto en el Café Berlín de Madrid, hay un antes y un después. Ahora su resplandor llega tan lejos, tan alto y tan fuerte que ya puedo asegurar, con orgullo, que por fin la luz se abre camino.