Eventos consuetudinarios

Pepe Fernández

VOX aprobó en estilismo, pero suspendió en comunicación

Sonaban raras las encuestas que vaticinaban un subidón electoral de la extrema derecha en Andalucía, sobre todo cuando empezamos a comprobar los tempus...

 VOX aprobó en estilismo, pero suspendió en comunicación

Foto: EXTRA JAÉN

Macarena Olona.

Sonaban raras las encuestas que vaticinaban un subidón electoral de la extrema derecha en Andalucía, sobre todo cuando empezamos a comprobar los tempus empleados por Vox para su irrupción en la escenografía electoral de la campaña andaluza del 19 de junio de 2022. Creímos que se trataba de una rareza más de las muchas que nos ha traído esta última contienda y vaya si lo era.

Lo que más sorprendió fue que, hasta el último minuto, Vox no procedió a proclamar oficialmente a la persona que iba a ser su cartel para la primera gran batalla de la «Reconquista» de Santiago Abascal (y cierra España).

El nombre del futuro cartel andaluz lo debieron tener claro hace meses, desde que la elegida se empadronó irregularmente en Salobreña (Granada) en otoño, requisito indispensable para poder presentarse a las elecciones andaluzas.

El nombre de la Abogada del Estado Macarena Olona Choclán, portavoz muy conocida por sus incendiarias intervenciones desde la tribuna del Congreso contra Pedro Sánchez y su gobierno socialcomunista, fue ampliamente manejado y especulado en las crónicas periodísticas, pero nunca nadie lo confirmó de forma oficial, hasta que Juanma Moreno disolvió, convocó elecciones y no tuvieron más remedio que dar el empujón a la paracaidista alicantina para que aterrizase en «Graná», tras insinuar Abascal su frase recurrente para estos menesteres: «A Macarena Olona se le está poniendo cara de presidenta de la Junta».

El equipo que nunca existió

Lo primero que la lógica y algunos síntomas invitaba a pensar era que el partido Vox tenía desde hacía tiempo un equipo de trabajo capaz dedicado en exclusiva a preparar el guión de la campaña más importante y decisiva a las que pretendía enfrentarse el populismo de derechas en España, dentro de su lento pero imparable camino para intentar ser necesarios al PP y gobernar el país algún día juntos, tal y como sucede en Castilla y León.

Se tenían pocas pistas sobre lo que llevaban entre manos para hacerlo estallar en campaña, pero algunas habían trascendido y referidas en concreto a la corrupción en la que tendrían responsabilidades tanto el PSOE-A como el PP-A. En esta campaña la corrupción no ha sido precisamente un asunto que haya destacado, fundamentalmente porque ni el PSOE ni el PP estaban interesados en tanto les perjudicaba por haber tenido ambos responsabilidades de gobierno.

La iniciativa del portavoz de Vox Manuel Gavira al presentar el 30 de enero una solicitud ante la Mesa del Parlamento, pidiendo la creación de una Comisión de Investigación sobre Cajasol, apuntaba precisamente en esa dirección.

La Fundación Cajasol, heredada de las cajas El Monte y la San Fernando, está formalmente tutelada por Juan Bravo desde la consejería de Hacienda en tanto que fundación fruto del sistema financiero de las antiguas cajas, que en teoría era de los andaluces. Con casi 20 millones de euros año de manejo presupuestario, nueve para repartir sin controles, seis meses antes de llegar al poder el PP-A, pedían por burofax   a Susana Díaz que se auditara la gestión de su eterno presidente en la entidad, el socialista Antonio Pulido Gutiérrez, el hombre al que José Antonio Viera apadrinó y le coló -trampa incluida-  a Gaspar Zarrias hace 16 años para presidir El Monte y ahí sigue desde entonces, en la actualidad con un sueldo anual de 200.000 Euros.

El desarrollo posterior de la campaña vendría a demostrar que en Vox ni había equipo (quizás lo tendrían desplazado a Valladolid) ni prepararon los deberes con sus argumentarios andaluces actualizados ya que lo dejaron todo a la improvisación, llegando a manejar evidencias erróneas como lo de la masturbación en el librito de un taller de educación sexual ¡del ayuntamiento de Sevilla! no de la conserjería. Nunca los electores andaluces conocieron una candidatura tan desconcertante como la de Olona, una mujer que demostraba, comparecencia tras comparecencia, un gran desconocimiento de la realidad social, económica y política de Andalucia. Para colmo los primeros días la vistieron de tópico e hizo como aquel paracaidista de Manuel Fraga, Guillermo Kirkpatrik en Granada, tocado con sombrero de ala ancha cuando bajó del tren nada más llegar como candidato cunero de AP.

Macarena, estrella con luz propia

Las apariciones estelares de Macarena Olona en esta campaña recordaron más a una estrella de canción que a una dirigente política con voluntad real de querer gobernar Andalucía. Ha sido muy curioso comprobar como a Macarena Olona le ha funcionado muy bien su estilista - el diseñador almeriense Ángel Saidí, que ya tiene preparado el modelo de la solemne sesión de Investidura-, persona encargada de que a diario no repitiese traje dada la importancia de la imagen y la Tv en campaña visto el desfile multicolor empleado. Desde luego el estilista le ha dado mucho mejor resultado que su propio jefe de campaña al que era fácil confundir con uno de sus guardaespaldas.

Pero de todo eso se dieron cuenta tarde, demasiado tarde quizás, y en ese descoloque habría que situar el irregular comportamiento personal de Olona como candidata, llegando a desaparecer días de la escena y en eventos claves como los espacios electorales de los medios públicos. Ningún medio informativo, ni público ni privado, logró acceder a entrevistar a la candidata porque ella y su asesor de comunicación se negaron, aunque al final se intentara auto justificar con mentiras y medias verdades sobre el comportamiento de los medios en general a los que acusó de «activistas políticos».

La candidata de la derecha radical, por lo que se ha visto, dejó todo en manos de su gran capacidad escénica para cosas y lugares comunes y, sobre todo, un discurso rancio, tradicionalista y de las JONS, que lo mismo podría servir para soltarlo en un cine de Calatayud que en un teatro de Dos Hermanas. Olona ha recordado a aquellos pregoneros profesionales que usan el mismo texto para pregonar todas las vírgenes que le encargan, dejando en blanco el nombre de la imagen anfitriona de ese día y el del pueblo.

Y para acabarlo de arreglar la candidata se trae al periodista de cuota Alvaro Zancajo como jefe de prensa en campaña, quien nada más volver a la tierra de donde hace unos meses le echaron de Canal Sur TV, no tuvo mejor idea que dedicarse a ajustar cuentas pendientes y, sobre todo, entrar en el cuerpo a cuerpo con periodistas y medios a los que incluso pretendió dejar en evidencia en su twiter personal. Nunca un jefe de prensa tuvo más más protagonismo que su candidato en una campaña electoral, he aquí la excepción que confirma la regla. Un jefe de prensa que, desde luego, ni cree en los medios ni en el papel de los periodistas, convencido seguramente como la cúpula de Vox de que «los medios y los periodistas no hacen falta para ganar elecciones». Al final del camino, lo más cómico y desternillante de todo ha sido escuchar a periodistas de su cuerda, los que militan sin pagar cuota en Vox, criticar con acritud y evidente desprecio al asesor de Olona. Ni siquiera uno de los agitadores de Vox más influencers parece que se ha librado del ninguneo de Zancajo y bien que se lamentaba en su canal de videos donde lo puso de vuelta y media. A elección pasada, claro.

Soñaron con 26 y se quedaron en 14

Detrás de este cúmulo de aspectos bastante inusuales, a veces cutres y siempre grotescos en un proceso electoral al uso, llegamos a pensar que estaban muy seguros los de Vox de que el 19J iba a ser para ellos un gran desfile militar; hasta 26 escaños llegó a especular Santiago Abascal que obtendría su formación, le faltaron 12. Una de las últimas encuestas electorales de la Junta a través del Centro de Estudios Andaluces - controlado por Bendodo- donde extrañamente preguntaban por dos candidatos para Vox - Olona y el diputado andaluz Manuel Gavira- había avalado esa posibilidad al darles dos decenas de escaños pusieran a quien pusiesen, a Olona o a Gavira.  Incluso repescando al juez Serrano, su anterior candidato, el investigado, habría dado resultados similares. Era evidente que Moreno Bonilla no quería a Olona ni muerto. Abascal no picó y mandó a Doña Macarena creyendo en un sorpasso al PP.

Si a estas circunstancias se añade lo sucedido electoralmente en Madrid y Castilla León meses atrás, era lógico y comprensible la euforia ultra como también el temor generado entre los demócratas progresistas a que la extremaderecha entrase en las instituciones de gobierno y que marcaría esta campaña autonómica para siempre.

A posteriori se revelaría que los socialistas, otra vez como Susana en 2018, fueron excelentes promotores de Vox con sus proclamas antifascistas constantes y permanentes metiendo más miedo del que ya tenía la gente en el cuerpo. Una obsesión que condujo a Juan Espadas y a su equipo de campaña  a cometer uno de los errores más increíbles y que no era otro que proclamar que Moreno Bonilla era en verdad el «tapado de Vox». La mayoría super absoluta obtenida por Juanma Moreno echa por tierra la consistencia y credibilidad del mensaje, pero ayuda a entender mejor como Moreno Bonilla estaba predestinado por el electorado para obtener su confianza mayoritaria en esta cita electoral. De ahí que la agresividad verbal desplegada por la Sra. Olona en los debates y mítines contra la figura de Juanma se les haya vuelto también en contra, frenando considerablemente sus expectativas iniciales. En vez de generar confianza en el electorado de derechas, Vox ha conseguido transmitir miedo, demasiado canguelo, en lugares como El Ejido contra los inmigrantes que viven y trabajan bajo plástico en el Poniente almeriense, fuente principal de riqueza de toda una comarca y provincia.

Bonilla es Vox, la milonga del PSOE

Al PSOE no le hacía falta insistir tanto alertando contra los ultras, ellos mismos han conseguido con sus soflamas anticonstitucionales y contra los derechos humanos amedrentar al electorado. A los socialistas les hubiese bastado con trocear, por ejemplo, los parlamentos escuchados en El Ejido, con Abascal al frente, y publicitarlos. O bien darle aire a los mensajes tremendos de la fascista italiana Giorgia Meloni  (Fratelli d’Italia), estrella central del mitin de Vox en Marbella, en un discurso que cierras los ojos y te trasladas al Berlin o la Roma de los años treinta. Y la gente normal y corriente se hubiese preguntado qué narices pintaba una ultra fascista italiana en esta campaña autonómica andaluza hablando de demoníacas amenazas que turban la quietud de quienes piensan como ella. Nada más tenían que hacer los socialistas con la extrema derecha; eso y dejar de vincular a diario a Moreno Bonilla con el fascismo de Vox, milonga que nadie creyó y a la vista está. Visto lo visto con perspectiva, Vox ha sido en gran medida uno de los motores impulsores de la mayoría absoluta lograda por Juanma y su partido, convirtiendo el voto útil de muchos en la búsqueda de una normalidad institucional que, con Vox dentro, se habría roto tras la toma de posesión del gobierno; ni un día hubiesen esperado conociendo los talantes prepotentes de los aventureros en liza. Juan Marín, hoy profesional de la política en paro y en expectativa de destino (en Sevilla insisten los rumores en el chollo de Cajasol), se hartó de repetirlo. Si Juanma se ve obligado a pactar con Vox y meterlos en el gobierno «habrá lío y gordo». Tenía razón Marín, esa alianza hubiese durado muy poco, semanas quizás. En todo caso los andaluces podrán comprobar con más detalle muy pronto cómo se comporta Vox y Macarena Olona en el Parlamento de Andalucia. Porque Olona se queda hasta las generales, aunque sea como víctima de su frase más repetida en campaña: los de Vox no mentimos, siempre cumplimos.

Esto no ha acabado

Que Juanma Moreno ha sido capaz de frenar el avance de la extrema derecha no significa necesariamente que esa anormalidad democrática esté conjurada y ya no sea peligrosa para el sistema constitucional que tenemos. Ni mucho menos.

Vox ha cometido errores de aprendiz en esta campaña, cierto, pero ha logrado dos escaños más en Las Cinco Llagas gracias a los 493.932  votos obtenidos, un13,46% de los votantes, por encima del 10,96% de 2018 cuando obtuvieron 396.607 votos con Paco Serrano, entonces candidato modélico y ejemplar. El riesgo principal al que se enfrenta en sede parlamentaria el conglomerado político nacido el 19J es no poder evitar que Vox convierta la cámara autonómica en altavoz de una permanente precampaña de las generales.

Solo la actuación de los grupos parlamentarios que empezaremos a ver en unas semanas nos dará pista sobre si la cámara autonómica, sus miembros en la XII Legislatura, son capaces de frenar de verdad y aislar políticamente a quienes han entrado en la principal institución autonómica andaluza con la voluntad confesada de liquidar desde dentro el Estado de las Autonomías y, por tanto, gran parte de la Constitución del 78. Don Manuel Azaña nunca quiso contar con monárquicos para defender la República.

El futuro inmediato se presenta con grandes incógnitas políticas, alguna muy importante. La primera de todas es conocer hasta qué punto Moreno Bonilla será capaz de mantenerse en su sitio, en el sitio que le “ha vendido” a los andaluces en estas elecciones, sin concesiones políticas a la extrema derecha, esa que con reiterada prepotencia y chulería le preguntaba si querría ser su vicepresidente el 20 de junio. Nadie, salvo el sentido común y de justicia, le obliga a hacer concesiones a nadie, ni a derechas ni a izquierdas, tiene todo el poder en sus manos con una mayoría absoluta unida por la victoria, unidad de partido que nunca antes lograron los socialistas. Rafael Escuredo en el 82, el ejemplo más ajustado al del héroe 2.0 que es hoy Bonilla, duró casi dos años en el cargo, hasta que Felipe Gonzalez lo echó. Sabe el hoy presidente en funciones que su cotización política irá irremediablemente unida a ese perfil centrista, dialogante y liberal que con esfuerzo se ha labrado y que el electorado ha creído que posee y por eso le ha prestado su voto, confiando en que no les hará ninguna pirula influido por necesidades estratégicas de Feijóo desde Génova 13. El votante ha aprendido a mandar en su voto hace tiempo y en el caso andaluz lo acaba de demostrar.

Juanma Moreno Bonilla ya no tiene excusas. Se ha hartado de pedir, ciertamente sin muchas esperanzas cuando lo decía, que los andaluces le dieran una mayoría suficiente para continuar con su tarea de modernización al frente de la Junta de Andalucía y los andaluces se la han dado con creces. Ahora le toca gobernar en serio, en su caso trasladar también los sueños del pasado a la realidad de un consejo de gobierno monocolor, diseñado a su imagen y medida.

Moreno Bonilla se puede permitir, gracias a los edulcorados efectos políticos del 19J, hasta hacer borrón y cuenta nueva ante quienes ahora le van a observar con mayor atención y otros ojos, donde se incluyen gentes de toda España al haberse convertido en el Barón territorial más cotizado y respetado del PP. La pasada Legislatura puede ser considerada para Moreno como un rodaje, una excepcionalidad con dos años de encierro de por medio, una puesta a apunto en definitiva. Al próximo presidente de la Junta le tocará ser, además de un gobernante resolutivo y eficaz, tremendamente didáctico y transparente en sus decisiones, sin necesidad de pactos bajo la mesa con nadie. Se equivocará el PP y su presidente si ningunea al Parlamento y lo instrumentaliza desde las mayorías que seguramente se mantendrán en las composiciones de los órganos de gobierno de la cámara legislativa andaluza. Una práctica, la de gobernar la cámara desde San Telmo, que empleó el PSOE sin recato en muchas ocasiones y así le ha ido. Esa parcela, la parlamentaria, no suele gustar al gobernante porque a nadie le apetece que le fiscalicen y encima le pongan como hoja de perejil desde la tribuna. De ahí que una de las decisiones más trascendentales que deberá tomar Juanma Moreno tenga que ver con su estrategia parlamentaria, o lo que es lo mismo, elegir a su número dos, a la persona que sustituya a Elias Bendodo como jefe de su fontanería, tarea nada fácil dado que el tándem malagueño llevaba muchos años engrasado, funcionando a la perfección y con excelentes resultados.

Menos Canal Sur TV y más Parlamento

Bonilla deberá olvidarse durante una temporada de vender su gestión solo en Canal Sur TV o en los medios progubernamentales subvencionados para darle vida a un Parlamento que doña Marta Bosquet, cuota de Juan Marín y Cs en 2018, ha dejado en la UCI con respiración asistida.

Si Juanma Moreno logra básicamente devolver al Parlamento al sitio que le corresponde, si hace que su gobierno trabaje con luz y taquígrafos y si se muestra implacable contra la corrupción propia y ajena, le auguro a Moreno Bonilla y al PP-A una muy larga temporada al frente de los destinos de Andalucia, en factura parecida a la que han disfrutado durante décadas los socialistas. Y una observación final. El presidente debe tener especial cuidado con cualquier intento de implantar el modelo de «red clientelar» como la que montó el PSOE y que tan bien le fue hasta el estallido de los Eres, su gran ruina política.

El gobierno del cambio -2018/2022- ya recibió un primer aviso judicial contra los contratos exprés para vigilantes en las playas, operación que la oposición definió como diseñada justamente para configurar una primera red clientelar juvenil en la órbita del PP, tutelada políticamente desde las NNGG del PP andaluz. Ya lo sabe el presidente, este tipo de redes enredan más de la cuenta y las suele cargar el diablo.