Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Las papeletas son para el verano

Siete razones a favor y una en contra para abrir las urnas en junio: Moreno aún no lo ha decidido, pero es consciente de que la legislatura está acabada

 Las papeletas son para el verano

Foto: EXTRA JAÉN

Elecciones autonómica en Andalucía.

Si el horizonte electoral andaluz fuera una película, un director poco escrupuloso bien podría titularla ‘Las papeletas son para el verano’, saqueando sin miramientos el célebre título teatral y cinematográfico del gran Fernando Fernán Gómez ‘Las bicicletas son para el verano’.

Y es que, más allá de la muy obvia ambigüedad calculada del Ejecutivo de PP y Cs, todos los indicios apuntan que la apertura de las urnas, inicialmente prevista para finales de año, se adelantará al verano, probablemente al mes de junio. El primero en hablar de junio fue el propio presidente Juan Manuel Moreno, que el 30 de noviembre, tras confirmar Vox su rechazo al presupuesto de 2022, decía en una entrevista en Canal Sur TV: “Entre junio y octubre serán las elecciones autonómicas”.

En ocasiones se ha comparado la potestad de todo presidente del gobierno de adelantar las elecciones con la imagen del malo de la película acariciando parsimoniosamente con su dedo índice el botón nuclear. Como sucedía en el pasado con las devaluaciones de moneda, la fecha de un adelanto electoral suele ser el secreto mejor guardado de todo presidente. La mayor parte de las veces porque ni él mismo la sabe con exactitud, aunque tenga sobre su mesa un abanico de ellas.



Mirando de reojo a su compañero de partido Alfonso Fernández Mañueco, que el domingo 13 de febrero se juega la Presidencia de Castilla y León en unas autonómicas que podrían acabar siendo más reñidas de lo previsto por el PP, Juan Manuel Moreno Bonilla sopesa pros y contras sobre la conveniencia de celebrar en el mes de junio los comicios: sería un adelanto de seis meses que, no con toda la razón pero sí con bastante, San Telmo se apresuraría a calificar como técnico.

Una vez constatada la soledad parlamentaria del Ejecutivo después de la espantada de la extrema derecha pasándose a la bancada de la oposición, sobre la mesa del presidente andaluz se acumulan las razones a favor del adelanto electoral. Como primera medida de abono del terreno, los estrategas populares pusieron en circulación el ‘discurso de la pinza’ para justificar su debilidad parlamentaria, en realidad atribuible no a que “se hayan aliado el PSOE y Vox” sino a que éste ha abandonado la mayoría parlamentaria que sostenía al Gobierno.

A continuación desgranamos las siete razones que aconsejan al presidente adelantar los comicios al verano.

Siete razones a favor…

1. El Gobierno está en minoría. Al contrario que Mañueco, que forzó el adelanto electoral en Castilla y León pese a contar con una mayoría parlamentaria estable, Moreno sí tiene un argumento imbatible para justificar la celebración de elecciones antes de concluir su mandato: el Ejecutivo ya no cuenta con la mayoría parlamentaria suficiente para gobernar tras la defección de la extrema derecha. Que San Telmo pretenda disfrazar ese hecho con el relato de una supuesta pinza PSOE-Vox es irrelevante a efectos parlamentarios, aunque no lo sea, claro está, a efectos electorales. Echar la culpa a otro de un adelanto electoral suele dar buenos réditos… siempre que la gente se lo crea.

2. La legislatura está agotada. Aunque puedan quedarle proyectos en el tintero, los compromisos legislativos más ideológicos del Ejecutivo –como la bajada de impuestos cuyos principales beneficiarios han sido las clases acomodadas, el espaldarazo a la educación concertada o la desregulación urbanística y medioambiental– ya están cumplidos, si se exceptúa la ley de economía circular, que deberá esperar a la siguiente legislatura. Aun así, con lo que deberá el PP andarse con cuidado es con la deteriorada situación de la sanidad, en cuyos decepcionados usuarios no parece hacer mella la propaganda gubernamental según la cual el ‘Gobierno del cambio’ ha operado milagros en el sistema público de salud.

3. Las encuestas son favorables al PP. Todos los presidentes niegan que adelanten elecciones por motivos partidistas, pero deben ser excepción los que realmente lo hacen. Con unas encuestas adversas, seguramente Moreno estaría determinado a estirar todo lo posible la legislatura con la esperanza de remontar. El presidente andaluz no tiene ese problema: todos los sondeos son claramente favorables al PP, si bien todos coinciden en que necesitará a Vox para gobernar. La experiencia dice que las encuestas a favor nunca son argumento suficiente para justificar un adelanto electoral: tan descarado ventajismo suele ser castigado por los votantes. Ahora bien, últimamente las encuestas fallan bastante tirando a mucho. El último ejemplo, Portugal, donde ningún sondeo predijo la mayoría absoluta del socialista António Costa. Cuidado, pues, con la demoscopia, que en estos tiempos la carga el diablo.

4. Cs agoniza y Vox gana posiciones. Con el partido naranja agonizante y sin muchas opciones de esquivar la muerte, otra razón de Moreno para abrir cuanto antes las urnas es el auge nacional de la ultraderecha, que podría ir a más. Castilla y León será un buen laboratorio de pruebas: si los de Santiago Abascal consiguen un resultado lo bastante bueno como forzar su entrada en el Gobierno, eso sería una mala noticia para el PP andaluz porque la oposición aprovecharía esa circunstancia para movilizar a su electorado con el espantajo de una ultraderecha asentando sus reales en San Telmo. Una ultraderecha, además, liderada por Macarena Olona, cuyo radicalismo ultra estremece a los votantes de la izquierda. No acelerar la convocatoria en Andalucía daría más tiempo a Vox para seguir sumando apoyos: el escenario político es tan extremadamente volátil que puede dar grandes sustos a quienes se creen seguros ganadores.

5. Juan Espadas es todavía un líder poco conocido. Otra baza de Moreno para adelantar a junio es restarle al socialista Juan Espadas el poco tiempo que tiene por delante no tanto para afianzar su liderazgo como para darse a conocer al electorado no sevillano. Según la entrega de diciembre del Barómetro Andaluz, el porcentaje de conocimiento de Espadas era del 61,9 por ciento, muy lejos del 92,3 por ciento del presidente. Por lo demás, también favorece al PP el hecho de que el PSOE tenga ante sí un calvario judicial muy penoso a cuenta de los ERE o la FAFFE.

6. La izquierda no socialista está muy dividida. La marca Adelante Andalucía sumó 17 escaños en 2018. No fue un buen resultado. De hecho fue inferior al que habían logrado por separado por Izquierda Unida y Podemos. La implosión de la confluencia ha dejado heridas en carne viva que dificultan extraordinariamente la configuración de una plataforma electoral conjunta. Unidas Podemos por Andalucía, la nueva Adelante de Teresa Rodríguez y el Andaluces Levantaos de Esperanza Gómez están hablando, pero las diferencias son muchas y los escaños a repartir más bien pocos. Esa división favorece a las derechas porque hace más difícil que el PSOE y el resto de las izquierdas sumen los 55 escaños que se necesitan para gobernar con mayoría absoluta.

7. El espejo de Castilla y León. Puesto que aún faltan como diez días para las elecciones a las Cortes de Valladolid, es precipitado juzgar cuál será su efecto en el tablero andaluz. Desde luego, a Moreno le preocupa lo que suceda el 13-F. Entre bromas y veras, así lo ha dejado entrever en un par de ocasiones: “¡Por Dios, sacad un buen resultado”, les decía días atrás a sus correligionarios castellano-leoneses. Si las encuestas no se equivocan como en Portugal, Mañueco logrará ese buen resultado que espera Moreno; de ser así, ¿a qué esperar en Andalucía para abrir las urnas?


…Y una en contra

No concluir la legislatura es un fracaso. Para el Gobierno que preside Juan Manuel Moreno agotar los cuatro años sería un timbre de gloria al que tendrá que renunciar si adelanta las elecciones. Los inquilinos del palacio de San Telmo se han pasado casi tres años de legislatura presumiendo de estabilidad política y sosiego institucional y vanagloriándose del atractivo que tenía para los inversores una comunidad donde la acción gubernamental transcurría tan plácidamente. Si por el presidente fuera, es indudable que preferiría las elecciones mejor a las puertas de diciembre que en octubre y mejor en verano que en otoño. La tentación de octubre sigue presente y hoy parece a todas luces menos probable que la de junio; pero hoy es hoy, no mañana.