Sobre nuestras piedras lunares
Manuel Montejo

Cuestión de clase

En estos días de debates sobre impuestos y una falsa pelea sobre rebajas a "pobres" o "castigos" a ricos, que finalmente quedarán en beneficios para los...

En estos días de debates sobre impuestos y una falsa pelea sobre rebajas a "pobres" o "castigos" a ricos, que finalmente quedarán en beneficios para los de siempre, resulta importante descifrar a quien van dirigidos realmente estos mensajes y para qué. Para ello es necesario analizar los datos existentes sobre las rentas y las clases sociales en España, especialmente si tenemos en cuenta la posibilidad de una nueva crisis que se cierne sobre nosotros.

Los anuncios de los distintos partidos políticos se dirigen, directa o indirectamente, a una clase media que podría considerarse el centro político y social del país, por lo que deberíamos convertirla en el centro del estudio. La clase media puede ser analizada en función de la renta, y ahí observaríamos cómo ese segmento de la sociedad ha ido disminuyendo en los últimos años con las sucesivas crisis. Por otro lado, también es destacable que una gran parte de las personas que se perciben de clase media no alcanzan la renta suficiente que les permitiría definirse como tal.

Así, según la distribución de clases sociales por nivel de rentas de la OCDE, actualmente menos del 50% de la población de nuestro país pertenecería a la clase media, entre los 15 mil y los 41 mil euros brutos anuales. Esta cantidad es once puntos menor que en el año 2000, cuando el 60% de la población española estaba entre el 75% y el 200% de la renta mediana. Por otro lado, según el CIS, el 75% de los españoles se considera perteneciente a la clase media, aunque el 50% de ellos reconozcan ingresar menos de 1.200 euros netos mensuales, lo que les situaría en la clase baja según esta clasificación por nivel de rentas.
¿Qué nos dicen estos datos? Pues en primer lugar, que la clase media tiene más que ver con la sociología que con la economía. No se puede definir únicamente a través del salario (obviando factores como la estabilidad en el empleo, la movilidad social, el nivel de deuda, etc.) ni de forma cuantitativa, ya que se trata de una percepción. Nadie puede definirla porque todos queremos ser clase media: los más pobres porque aspiran a serlo; los más ricos porque prefieren "no señalarse". Los políticos hablan de clase media cuando se refieren a otras clases y nosotros pensamos que nos hablan a nosotros, aunque no lo seamos. La clase media es ese estilo de vida en el que se afrontan, se pueda o no se pueda, gastos por encima de los básicos para sobrevivir y se consume visiblemente, mostrando un determinado estatus social.



En nuestro país, las condiciones objetivas y materiales para la estabilización de esta clase media se consiguieron gracias a la extensión de la propiedad privada, especialmente inmobiliaria, el crecimiento del Estado y, por tanto, del funcionariado, la expansión de la Sanidad y la Educación y, en definitiva, gracias a la consecución de un Estado del Bienestar digno, fruto de una lucha y un esfuerzo colectivo. Este es el origen de la aspiración a ser clase media. Culturalmente supuso la consecución de una sociedad sin clases, en tanto que si todos queremos ser clase media, no habrá más clases que ésta, por mucha desigualdad real que exista.

En segundo lugar, en esta sociedad "sin clases" desaparece la necesidad de organización política, sindical y social (las mismas que habían permitido que surgiera), de forma que los problemas ya no son políticos o laborales, sino individuales, fruto de los problemas, patologías o disfunciones de cada uno de nosotros, y la forma de participación se reduce a la personal, a la mera opinión.

Pero esta sociedad "casi perfecta", sin clases, debe convivir con un elemento que le es consustancial, las sucesivas crisis de distinto signo, necesarias para el aumento de los beneficios de aquellos que están en lo alto de la pirámide y que si tienen muy claro la clase a la que pertenecen, como bien expresara Warren Buffet" ("Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando").
De esta forma, en los últimos 15 años de crisis, se ha degradado el Estado del Bienestar y los servicios públicos, los salarios se han depauperado hasta el extremo, han desaparecido los apoyos financieros para gran parte de la población y la clase media ha menguado. Sin horizonte, ya solo queda la aspiración de volver a tener lo mismo de antes, porque todos queremos vivir mejor y aspiramos a que nuestros hijos mejoren esas condiciones materiales. El problema reside en cómo se consigue. Nos han convencido de que era posible una sociedad sin clases, basada en los méritos individuales, por lo que en la misma lógica, para recuperar el estatus habrá que trabajar y estudiar más.

Promesas que, como tantas otras, se irán al garete encontrándose cientos de miles de personas en la exclusión socioeconómica y política, con unas condiciones de vida cada vez mas desesperadas para la mayoría y con mayores desigualdades.

Somos conscientes de que el juego no es limpio; la corrupción permite que los ricos sean cada vez más ricos mientras nos dejan las migajas, para competir entre nosotros. Pero no sabemos cómo salir de él. Quizás debamos empezar por dejar de analizar las clases por la renta y más por la posición que ocupan en el sistema productivo. Esto nos mostrará que la única manera de mejorar nuestra situación será de forma colectiva y organizada, inclinando la balanza hacia los salarios y los recursos públicos, en lugar de hacia los beneficios de los grandes empresas y la especulación. Sólo así la objetividad de nuestras condiciones materiales se aproximará a la subjetividad de nuestras aspiraciones. Una simple cuestión de clase.