Tribuna

Rubén Beat

Elegir

Es momento de elegir qué partido político, según nuestro sentimiento moral, ha de representar nuestras instituciones públicas

Desde el mismo momento en el cual despertamos de nuestros sueños, nuestra capacidad de elección entra en funcionamiento. Podemos elegir lavarnos la cara o ducharnos, para despejar la mente y el cuerpo, y que los pensamientos fluyan orgánicamente. Elegimos qué vamos a desayunar y a qué temperatura. Si lo haremos rápido o lentamente, según el tiempo del que dispongamos. Elegimos la ropa que nos apetezca ponernos ese día e igualmente el calzado, también dependiendo del clima. Para dirigirnos a nuestro puesto de trabajo, previamente elegimos el medio. Ya sea en transporte público o en coche, moto, bicicleta e incluso andando. Si has tenido la suerte y la perseverancia de trabajar en algo que te guste y procure sustento económico, ha sido por propia elección, e igualmente si no has podido elegir otro empleo más aburrido, ha sido por el condicionante relativo a la capacidad de adaptación al medio social. En cualquier caso hay una elección objetiva en la forma y subjetiva en la adaptabilidad.

Nuestra consciencia está llena de elecciones. Y esta capacidad de decidir y elegir, forma parte intrínseca de lo que significa vivir en libertad, y más concretamente si vives en un medio social y en consecuencia, político, significa vivir en democracia. Nuestras pequeñas elecciones a lo largo del día nos hacen sentir emocionalmente. Y estas emociones, en grados diferentes, nos conforman como seres humanos y nos asemejan al proyecto común que compartimos, que no es otro que la sociedad en la que vivimos.

El sentimiento moral es unánime: trabajar por el progreso. El sentimiento inmoral es disconforme a la unanimidad.



Es momento de elegir qué partido político, según nuestro sentimiento moral, ha de representar nuestras instituciones públicas. Y el partido que elijamos para ello, elegirá también la forma y cómo hacerlo. ¿Nos representarán de forma democrática? ¿Cómo gestionaran nuestros servicios públicos?

Esta elección previa, es de vital importancia porque de ella depende nuestro día a día y lo que nos hace sentir humanos, no solo a nosotros y nosotras sino también a nuestra familia, amistades, parejas.

¿Por qué dejar nuestras vidas en manos ajenas al sentimiento unánime, ajenas a la unanimidad del progreso, ajenas a la gestión de los recursos públicos, ajenas a la democracia, a nuestras familias y su futuro y bienestar? ¿Por qué dejar en esas manos ajenas todo lo que puede hacer mejor nuestra vida?