Con el alma en pie
Ana Tudela

Y el tranvía no llegó

Ni con toneladas de pragmatismo y paciencia, como las que han echado el alcalde y la concejala Colomo, ha sido capaz esta Junta de Andalucía de dejar...



Ni con toneladas de pragmatismo y paciencia, como las que han echado el alcalde y la concejala Colomo, ha sido capaz esta Junta de Andalucía de dejar el tranvía funcionando a la finalización de la legislatura. Muy posiblemente no haya sido una cuestión de capacidad sino más bien de tacticismo político. Se trataba de no quedar demasiado mal (y titulares ha habido para “reventar”); ni tampoco “demasiado bien”, y evitar así que el alcalde socialista fuera capaz de sumar electoralmente a cuenta de una gestión que se sabía de titanes.

Posiblemente Moreno Bonilla estará satisfecho, porque su objetivo respecto del tranvía está cumplido. De un lado, como digo, ha llegado a crear una cierta opinión favorable de que hacían “algo” para que funcionara, y de otro se ha asegurado que, entre convenios y protocolos, el alcalde no podrá enseñar el tranvía a la ciudadanía, quedando así sin un arma política que el PP para nada estaba dispuesto a permitirle que utilizara. Y, entre reuniones y reuniones de seguimiento inexplicables para quien vemos esto con una cierta distancia, el tranvía hasta ha ido prácticamente desapareciendo de la agenda política, y se desconoce en general en qué punto se encuentra la situación ahora mismo.

Una forma de actuar que es, por lo que hemos visto, muy “Moreno Bonilla”; esto es, hacer, hace bien poco,- no hay más que comparar lo que prometió en campaña con el “casi nada” que puede enseñar-, pero, eso sí, esquiva bien los charcos -hasta que llegó el gran charco de la UJA-, lo que es realmente el “Leitmotiv” de su presidencia; enamorar, no enamora a nadie, pero tampoco genera odios estridentes, en un perfil de pragmatismo trabajado especialmente durante unos primeros años de presidencia en que la falta de oposición real a su gestión le permitió acomodarse en ese espacio invisible que tradicionalmente los votantes no han castigado nunca con fiereza.

Que las elecciones autonómicas están a la vuelta de la esquina es un secreto a voces, y que el gobierno andaluz tiene poco que mostrar una realidad difícilmente contestable. Pero acabamos una legislatura extraña, repleta de emociones y dolor; tiempos también de realidad virtual e inmensa inversión propagandística, en que llega a importar menos lo que haces que cómo te pintan. Y yo debo ser una romántica. A mí no me convencen los que son incapaces de hacer algo por la vida de la gente.