Estilo olivar

Juan José Almagro

Sociedad civil

Dicen que este año será, sobre todo, electoral. Es decir, que pase lo que pase, estará marcado por las elecciones municipales y, donde toque, autonómicas...

 Sociedad civil

Foto: EXTRA JAÉN

Política y comunicación.

Dicen que este año será, sobre todo, electoral. Es decir, que pase lo que pase, estará marcado por las elecciones municipales y, donde toque, autonómicas, y por las generales de diciembre. Nos quedan, pues, muchos meses de sufrimiento ciudadano: propaganda electoral, pre-electoral y pre-pre-electoral, candidatos y candidatas ungidos por el “photoshop”, mítines varios (incluidos los pre-campañas) a los que acuden leales y amiguetes de las organizaciones convocantes, interminables debates radiofónicos y televisivos, informaciones editadas, faltas de respeto, insultos, opinadores profesionales que dicen todo y nada saben, bocazas de toda clase y condición y la necesidad de tener mucha paciencia para escuchar tantas promesas que, en general, nunca se cumplirán. Un sinvivir para los honrados ciudadanos, una permanente intranquilidad que nos angustia y nos transforma como escribiera bellamente Luis Cernuda, “como esta vida que no es mía/ y sin embargo es la mía”.

Hace apenas diez/doce días el CIS acaba de publicar su encuesta de febrero 2023. Más allá de los enjuagues del Sr. Tezanos sobre previsiones electorales, a mí me interesa saber que preocupa más a los españoles y españolas. Y la encuesta dice, en los cinco primeros puestos y por orden de mayor a menor preocupación: la crisis económica, los problemas de índole económica/los problemas políticos en general/el paro/el Gobierno y partidos o políticos-as concretos-as/ el mal comportamiento de los políticos-as… No se sí esto le debería dar igual a los mandamases en ejercicio y, sobre todo, a los candidatos y candidatas que se presentan a las próximas elecciones o si deberían ponerse inmediatamente a la tarea para solucionar lo que parece, y es, una profunda desafección ciudadana por la política y los políticos, consecuencia de la animadversión y hastío infinito que, al parecer, todos sentimos por las formas sobre cómo se hace política en España.

Como nos dijo Valentí Puig, estamos dirigidos por una generación de líderes sin sentido de la Historia, muy contentos de haberse conocido. Por eso necesito creer en la regeneración democrática que tiene y puede impulsar la Sociedad Civil, es decir, todos y cada uno de nosotros. Creo en su necesidad y pertinencia si perseguimos un futuro mejor. Creo en el comportamiento ético y en la responsabilidad que a cada uno de nosotros nos corresponde en este proceso porque creo en el derecho y el deber de ser responsables si queremos permanecer libres. La ética, el carácter, “esencialmente un saber para actuar de un modo racional”, en definición de Adela Cortina, no se regala. Se aprende. A cualquier institución (Gobierno, Autonomías, Ayuntamientos) que tenga como finalidad integrar a las personas, a los ciudadanos, en un proyecto común, se le debe exigir que genere confianza; y, además, que actúe con dimensión ética. Es decir, con transparencia sobre sus actos y comportamientos para dar seguridad a las personas, hombres y mujeres a las que esa institución dirige su actividad. Seguridad y confianza. La transparencia es en democracia una exigencia ineludible y, además, una obligación ética y estética, nunca una humillación.

La comunicación (y lo digo por los todólogos), gracias a su importancia social, se ha convertido en un instrumento indispensable en la gestión diaria de las organizaciones y en el cotidiano desarrollo de las relaciones interpersonales; mas aún cuando transitamos por tiempos de gravísima crisis y de incertidumbre sin fin. La comunicación, además de transparente, comprometida y veraz, debería reflejar siempre el comportamiento de quien la transmite, y a eso se le llama coherencia (“Di lo que debes y haz siempre lo que dices” nos enseño Séneca). Comunicar, y comunicar bien, supone construir relaciones de confianza y, sobre todo, mantenerlas. Comunicar, y esa es la principal responsabilidad del dirigente/líder, es conseguir que todos se involucren y participen en el proyecto común. Las llamadas ruedas de prensa/declaraciones institucionales/discursos mitineros son pesados y reiterativos, y olvidan que el auténtico líder debe marcar el camino y hacer que los demás le sigan y confíen en lo que hace. ¿Sería tan difícil señalar los problemas, apuntar las soluciones y cultivar la esperanza animando al personal en un tiempo razonable? Naturalmente, dejando que los periodistas pregunten en directo y sin trabas ni cortapisas. Eso es también transparencia. Imagino que el mañana nos traerá una Sociedad Civil comprometida y pujante, sabedora con Platón, que aprender es recordar, algo que parecen haber olvidado los que nos gobiernan.