Uno tiene ya cierta edad, pero la vida todavía guarda sorpresas y decepciones. El sábado por la noche en el Olivo Arena aprendí lo cruel que puede llegar a ser el deporte. Sí, “cruel” es la palabra que mejor lo define.
La vida te va enseñando que sólo el trabajo comprometido de un grupo de personas no es suficiente para alcanzar la meta. Aunque el compromiso de esos individuos sea extremo e incondicional como han demostrado y se sientan apoyados por mucha gente.
No, no es suficiente.
El sábado aprendí lo injusto que puede ser el deporte. Pero hoy confío.
Hoy confío en el brotar natural y espontáneo de los valores genuinos de nuestro Club y nuestros deportistas.
Hoy confío en que ese grupo de personas refuercen su compromiso con su Club y con su yo más íntimo.
Hoy confío, porque hay que saber asumir la derrota con sentido crítico y humildad, pero levantar la cabeza, mirar al horizonte y prepararse para la siguiente batalla.
Hoy confío en que cada miembro del equipo dispone de las virtudes esenciales de los deportistas y que se recuperan de las derrotas, por dolorosas que sean.
Hoy confío en que tengan el coraje para recobrar el entusiasmo, la ilusión y la fuerza para alcanzar el objetivo común superior en los dos partidos que nos quedan.
Hoy confío en la dirección de ese equipo de personas, que ha demostrado guía, oficio y capacidad de trabajo.
Y desde lo más profundo, a punto de concluir la temporada y sin saber aún el resultado final, hoy agradezco y reconozco a los jugadores y cuerpo técnico su ejemplar comportamiento, sensacional compromiso y fabuloso esfuerzo demostrado.
Gracias, equipo.
Hoy agradezco y reconozco a esa afición corajuda y aguerrida que apoya sin condiciones nuestro deporte y nuestro Club.
Gracias, afición.
Y hoy agradezco y reconozco públicamente al Presidente, su trabajo, incansable y tenaz, siempre bien orientado y con criterio, para que nuestro deporte tenga el espacio que merece en Jaén.
Gracias, Presidente.