Con perspectiva sureña
Antonia Merino

San Eufrasio, el olvido del camposanto

El estado ruinoso del antiguo cementerio de San Eufrasio es el reflejo mismo de una ciudad que, en ocasiones, asiste impávida ante cómo su patrimonio...

El estado ruinoso del antiguo cementerio de San Eufrasio es el reflejo mismo de una ciudad que, en ocasiones, asiste impávida ante cómo su patrimonio languidece en silencio mientras el ruido político acapara titulares sin otra intención que aparentar un simulado compromiso. Esta semana el equipo de gobierno (PSOE-Cs) presentaba el Plan Director de recuperación, restauración, mantenimiento y conservación del camposanto. ¡Por fin! Gran noticia si no fuera por el deplorable estado en el que se encuentra después de años de abandono municipal. Nichos que se desmoronan, rejas que impiden el paso a los visitantes por temor al derrumbe de sus paredes, panteones derruidos, lápidas sueltas… Un escenario indignante para un espacio lleno de historia y recuerdos. Han tenido que transcurrir cerca de veinte años para que el proyecto de recuperación vea la luz. Además de su gran valor histórico, el camposanto de San Eufrasio, ejemplo de cementerio decimonónico, es un boceto de la historia de Jaén a través del recuerdo de personajes ilustres enterrados en dicho recinto. Lápidas funerarias de singular rareza, mausoleos de gran belleza como el de Rodrigo de Aranda, Conde de Humanes, concebido como una pirámide triunfal, o el del conocido doctor Martínez Molina, con un aspecto más científico que religioso. Tumbas de poetas, médicos ilustres, toreros y un largo etcétera de hombres y mujeres conocidos y desconocidos que fueron parte fundamental en la historia del viejo Jaén. Eso es el camposanto que algunos dejaron morir por desidia, desinterés o simplemente por una funesta gestión municipal. Los mismos que ahora recorren la ciudad de punta a punta denunciado un abandono “histórico” olvidaron durante sus años de gobiernos que ellos tenían la oportunidad de acabar con ese abandono que ahora denuncian y la capacidad para tomar las decisiones necesarias para que ese abandono en vez de histórico fuera historia. No se trata solo del respeto a los muertos y su merecido descanso, es también el respeto a los vivos y la obligación como representantes de los ciudadanos de ofrecer un proyecto de ciudad y llevarlo a cabo. Está bien denunciar, pero es más sensato callar cuando uno no honra ni a vivos ni a muertos.