Con perspectiva sureña
Antonia Merino

Saqueo eclesiástico

La Conferencia Episcopal reconocía esta semana haberse apropiado de casi un millar de bienes, desde edificios hasta huertos, pasando por viñas, olivares...

La Conferencia Episcopal reconocía esta semana haberse apropiado de casi un millar de bienes, desde edificios hasta huertos, pasando por viñas, olivares, templos o dependencias complementarias, sin aportar más prueba que la palabra del obispo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Juan José Omella, pactan iniciar el proceso para devolver algunos de estos bienes. ¿Por qué este Gobierno, que se dice progresista, ha preferido negociar lo que no es negociable? ¿Por qué no publican el listado completo? ¿Seguimos haciendo la vista gorda? El total de estos bienes registrados por la Iglesia se eleva a más de 35.000 repartidos por toda España, cuya apropiación se ha realizado al amparo de una norma franquista y reforzada por el gobierno de José María Aznar en 1998. Desde entonces la Iglesia ha tenido barra libre para registrar a su nombre todo lo que ha podido pillar dando lugar a actuaciones tan surrealistas como la inscripción de monumentos espectaculares, con una riqueza arquitectónica e histórica impresionantes como son la Mezquita de Córdoba o la catedral de Sevilla con un simple certificado eclesiástico; algo impensable en un país que se dice democrático y aconfesional. Este expolio del patrimonio ha sido escandaloso y todo ello con el consentimiento de los gobiernos de turno, inclinando vergonzosamente la cabeza ante la todopoderosa Iglesia Católica. Es un modo de proceder indigno. La Iglesia de los pobres, como suele presentarse, tiene una ‘pobreza millonaria’ que ya quisiera más de uno. Conocer todas y cada una de las propiedades inscritas es el primer paso para determinar hasta qué punto se ha llegado al abuso. Como decían en las redes sociales “el clero de fajín olvida lo que predica”. Pero no son solo las actuales y modernas redes sociales las que desnudan el comportamiento reprobable e inadecuado de la Iglesia, ya lo recogían los Evangelios, “...no acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los destruyen” (Mateo 6:19). También los Diez Mandamientos recogen con claridad incluso para el más necio el mandato divino: “No robarás”.