Estilo olivar

Juan José Almagro

Las abarcas desiertas

“Por el cinco de enero,/ para el seis, yo quería/ que fuera el mundo entero/ una juguetería” escribió Miguel Hernández en una de las cuartetas heptasílabas...

 Las abarcas desiertas

Foto: EXTRA JAÉN

Miguel Hernández.

“Por el cinco de enero,/ para el seis, yo quería/ que fuera el mundo entero/ una juguetería” escribió Miguel Hernández en una de las cuartetas heptasílabas que conforman el precioso poema que da título a este articulo y al que musicó con enorme éxito Joan Manuel Serrat, retirado voluntariamente de los escenarios en diciembre de 2022, el año en el que se cumplía el 80 aniversario de la muerte del poeta.

El poema, al que los entendidos llaman de circunstancias, se publicó unos días antes de la festividad de los Reyes Magos, en enero de 1937, y, al reflejar la opulencia de unos frente a la miseria y pobreza de otros, provoca la rabia personal del poeta que, al tener un sentimiento en común con los desposeídos, se transforma en un grito de rebeldía que estremece, desgraciadamente también por su permanente actualidad.

Leo en los papeles -y me desgarro- que “el veinte por ciento más rico de España se aleja y multiplica ya por seis la renta del más pobre.” Cuando hablamos de desigualdad, nos estamos alejando de la convergencia con Europa y, con datos de 2021(Eurostat), nuestra posición respecto del conjunto de la Unión Europea empeora mientras mejoran los datos de la UE: España es el tercer país más desigual comparando el 20 por ciento de arriba con el de abajo, solo mejor que Letonia y Rumanía. Los dos últimos años han supuesto un empeoramiento de la posición de España, que desde 2019 ha sido adelantada por Bulgaria, Lituania e Italia. Cuando leo estas cosas y otras parecidas o peores (por ejemplo, que la pobreza en España tiene rostro de niño) sé que no lo estamos haciendo bien, sobre todo con la infancia, pero ya sabemos que los menores no votan…

He vuelto a recordar lo que Franklin Delano Roosevelt proclamó -inmersos en la Gran Depresión- en su primer discurso tras ser elegido 32º presidente de Estados Unidos en 1933: “Los cambistas han abandonado sus tronos en el templo de nuestra civilización. Ahora debemos devolver a ese templo sus antiguos valores. La magnitud de la recuperación depende de la medida en que apliquemos valores más sociales que el mero beneficio económico”.

Cuando va a iniciarse el 2023, las palabras del que fuera presidente USA parece que encerraban una profecía, un propósito o un deseo que nunca se materializó. Cumplidos noventa años de aquel discurso, lo único cierto es que en un mundo globalizado, pospandemia, donde impera la incertidumbre y la desesperanza, que ha padecido -y sufre todavía- malditas y crueles guerras, que ha crecido en desigualdad y corrupción, donde inexplicablemente todavía se padece hambre y se soportan crisis a diario, los humanos cabales parece que nos hemos decidido a que la utopía de Roosevelt (que, como todas las utopías, permite seguir avanzando porque es una esperanza consecutivamente aplazada, al decir de Caballero Bonald) se haga realidad, aunque probablemente lo consigamos poco a poco, muy despacio. Nuestra obligación es pelear por el bien común, que no es más que la satisfacción de las necesidades humanas. Ese debería ser nuestro común compromiso.

Necesitamos un nuevo contrato social que transforme a España en un país más decente y mejor, y para contribuir al cambio no podemos resignarnos. Deberíamos conjugar libertad y justicia -las columnas de la democracia- para ejercer el derecho y el deber de ser responsables, para participar en procesos sociales y hacer oír las voces de los que luchan contra la injusticia social, para construir el futuro y para vivir la libertad de ser libres y, por tanto, iguales. Y eso le pido a los Reyes Magos con mis abarcas vacías pero llenas de esperanza.