Sobre nuestras piedras lunares

Manuel Montejo

La diligencia

Nuestros representantes han dejado de ser públicos porque realmente se representan a sí mismos y al partido que los ha puesto en una lista

Hace unos días, un amigo, tocayo y antiguo concejal socialista, contaba una sugerente anécdota política situada en el Jaén del Sexenio Democrático o en los escasos meses de la Primera República, allá por 1873, extraída posiblemente de alguna de las crónicas parlamentarias de Luis Carandell.

Resulta que en aquella época citaban a Cortes a los Diputados de cada provincia española unas pocas veces al año. Para aprovechar el viaje a Madrid, que se realizaba en diligencia, los diputados jiennenses de los distintos partidos se reunían y lo hacían juntos. El viaje duraba cinco o seis días, ya que la diligencia paraba en cada una de las ventas que se encontraba por el camino, lo que propiciaba que entre los diputados surgiera un clima de compañerismo mientras repasaban los distintos asuntos del orden del día de la sesión de las Cortes Españolas. Pues bien, una vez que llegaban a Madrid y se reunían con los compañeros de sus respectivos partidos, los Diputados jaeneros eran conocidos por haberse puesto de acuerdo con sus paisanos en cada uno de los puntos y, por tanto, no atender a las directrices que marcaban sus direcciones nacionales. El sentido de su voto se guiaba sólo por lo debatido y acordado con sus compañeros de viaje, rivales políticos pero jaeneros todos ellos, por mucho que su partido les advirtiera de la inconveniencia de dicho voto. Vamos, igual que ahora.



Uno, que se declara "fordista" de los que sueñan con la silueta a contraluz de John Wayne, como diría el bueno de Rafa Rus, no puede evitar encontrar similitudes con ese épico viaje de un grupo de variopintos personajes por el Monument Valley, huyendo de los apaches y otros peligros. En ambos relatos, la diligencia es ese espacio reducido que propicia el acercamiento de personas y posturas en principio encontradas, una alegoría sobre la falsa superioridad de la "modernidad", la capacidad del diálogo y la fuerza de la unión de los distintos en aras de un bien común.

A pesar de no disponer de datos precisos ni de poder atestiguar la rigurosidad histórica del relato, lo que debería quedar en manos de la curiosidad del admirado Santi Jaén Milla, basta la anécdota para contraponerla con la realidad política de nuestro Jaén en estos días. Mientras seguimos asistiendo a bochornosos espectáculos públicos, nuestra ciudad, nuestra provincia, mantienen una serie de problemas endémicos y no se adivina un horizonte en el que mejore claramente la vida de los que vivimos en ella. Principalmente porque aquellos destinados a plantear soluciones no parecen tener un objetivo claro, y por tanto tampoco un lugar al que pretender llegar, ni la intención de atender otro interés que el personal o el partidista, que para el caso es lo mismo.

Imagínense por un momento que pudiéramos obligar a nuestros representantes en el Parlamento andaluz o en las Cortes españolas a desplazarse a Sevilla o a Madrid juntos y en "diligencia", es decir, en cualquiera de los trenes, o buses que sustituyen a trenes, que nos unen con ambas ciudades y que vienen a tardar casi lo mismo que las antiguas diligencias. Y que en dicha diligencia se produjera un mágico momento por el que todos se convirtieran en jiennenses que piensan en Jaén lo primero, que idearan una forma para trabajar conjuntamente y sacarnos de esta situación, que aunaran esfuerzos para presionar cada uno desde su posición, etc. Sí, se trata de un sueño, es verdad; casi de una broma; y, por otro lado, tampoco supone una verdadera solución. Pero sirve para señalar gran parte del problema.

Nuestros representantes han dejado de ser públicos porque realmente se representan a sí mismos y al partido que los ha puesto en una lista. Por ello, defienden los intereses de ambos, bien los suyos particulares o los del grupo que lo eligió. Y da igual que se trate de un partido nacional, nacionalista o localista. Si alguien pretende mantenerse durante años en un cargo público, o en la dirección de un partido, debe cumplir siempre con el mandato del grupo que lo soporta, que tiene sus propios objetivos, económicos y políticos, y que no siempre coinciden con el bienestar de sus representados. De lo contrario, se arriesga a no volver a aparecer en una lista electoral o a no recibir determinada liberación o sueldo público. No descubro nada que no sea sabido. Es así y afecta a todos por igual. Y nos permite responder a cualquiera de las dudas que no asaltan cuando contemplamos la actualidad política de Jaén.

En estos últimos días, hemos visto a un partido del Gobierno de la ciudad preocupado por cumplir las órdenes de su jefe gallego y convertir así todos los problemas de la ciudad en uno sólo: que Feijóo no ha conseguido gobernar España y lo va a hacer Sánchez, por muchos reproches, sobre todo económicos y sociales, que podamos hacerle desde Jaén a los acuerdos firmados para la investidura. Tan grave es la pérdida de la posibilidad de gobernar España para el PP, que no para Jaén, que los plenos del Ayuntamiento hay que dedicarlos a debatir sobre ello.

Con ello, el alcalde, que por lo visto acaba de descubrir que en mayo pasado se presentó a gobernar una Administración "arruinada, caótica y mal gestionada", en estado crítico, intenta ocultar la vergonzosa asignación presupuestaria que para Jaén nos ha regalado su amigo y valedor Moreno Bonilla, que ha visibilizado la importancia de Jaén y del PP de Jaén en Sevilla. Nada.

Pero no importa porque todos nos hemos dado cuenta de este detalle gracias a la "ardua" labor de oposición del PSOE de Jaén, y de un Millán que confunde ya el Pleno con el Parlamento, seguramente pensando en su próximo destino. El anterior equipo de Gobierno nos dedicó un pleno monográfico para presentarnos todas las propuestas que van a presentar en el Parlamento andaluz pero que ellos no cumplieron mientras gobernaron la Junta durante cuarenta años, ni en los últimos cuatro en que lo hicieron en Jaén. Y para ello utilizaron una herramienta muy del gusto de nuestros políticos: "hacer que se retrate el rival". Es decir, proponer cuestiones inviables o sin interés para nadie con el simple objetivo de que el otro vote que no y poder atacarlo, sin darse cuenta de que la foto retrata tanto a uno como a otro.

Y, mientras, el otro partido de Gobierno, Jaén Merece Más, cumple con su paripé de enmiendas a los presupuestos de la Junta que no se ejecutarán, presentadas por los mismos que no quisieron hacerlo en un primer momento y que no piensan ejecutarlas, el PP, y que les permitirán decir que ellos pelearon y fueron engañados, mientras se mantienen aferrados al único asidero de poder político y económico obtenido en las elecciones.

Y, en esta sucesión de plenos bochornosos y desencuentros pactados, todo de cara a la galería, nos quedamos sin hablar de Jaén. Y no porque no lo tengan siempre en la boca sino porque no aparecen los proyectos ni las medidas reales que pueden solucionar nuestros problemas. Si hablamos de pérdida de población, precariedad y empleos poco cualificados, salarios bajos, empobrecimiento, falta de futuro para la juventud, etc., ¿dónde están las medidas que los solucionan uno a uno? No hablo de ilusiones ni de planes fantasiosos basados en partidas presupuestarias que no llegarán o en inversiones que ni están ni se les esperan. ¿Algún plan para reflotar un Ayuntamiento endeudado e intervenido? ¿Alguna medida que dependa exclusivamente de su gestión, que sea propia y que puedan llevar a la práctica? Y, sobre todo, ¿algo que cambie de verdad la vida de la gente?

Porque haberlas, haylas, y cada uno puede tener las suyas, pero seguir con los mismos proyectos de décadas, con suplir lo deteriorado y pedir infraestructuras básicas de las que carecemos, no es la solución sino un parche que alarga nuestra agonía, aunque resulta cómodo para los intereses de los partidos y de los que viven de ellos, que se mantienen así aislados de quienes no son sus iguales, porque ni viven ni tienen los mismos problemas que nosotros. Sin tener un diagnóstico correcto y adecuado de la realidad de Jaén, no es posible tomar decisiones correctas, y ese diagnóstico debe realizarse sobre la mayoría, que no son los partidos ni sus intereses.

Hay cosas que siempre son las mismas pero otras están cambiando demasiado rápido. Seguir apostando por lo que no ha funcionado hasta ahora, es resignarse a no encontrar salidas. Poner al frente a quienes continúan haciendo lo mismo, y nos dicen que no pueden hacer nada más, es asegurarse la parálisis permanente. Quizás podríamos meterlos en un "tren-diligencia" para que priorizaran lo nuestro antes que lo suyo cuando llegaran a Sevilla o Madrid. Quizás debamos encerrarlos en una habitación hasta que lleguen a acuerdos reales y que nos sirvan, es decir, hasta que hagan su trabajo. O quizás debamos seguir resignados a ver como en debates como el de investidura, otros partidos, que mandan aunque no gobiernan, dictan y obtienen las mejoras y cuestiones concretas que necesitan para su tierra y sus gentes, mientras los nuestros siguen hablando de amnistías e historias que nada tienen que ver con Jaén.