La bisagra
Raúl Beltrán

El PP y sus mujeres

Y al final, con los bises, como en los conciertos de antaño, los organizadores abrieron las puertas de la sala y todos pudimos ver en directo el duelo...

 El PP y sus mujeres

Foto: EXTRA JAÉN

Isabel Díaz Ayuso.

Y al final, con los bises, como en los conciertos de antaño, los organizadores abrieron las puertas de la sala y todos pudimos ver en directo el duelo entre tenores y sopranos (no tendría que ir con segundas, pero a las balas me remito). El PP de Díaz Ayuso y Casado y Teodoro García Egea ha hecho pública la descarnada guerra que mantenían desde hacía meses para que el público, siempre soberano, decida a quien lapida a las puertas de Génova.

Tal vez esta trinchera descarnada por el poder no tenga nada que ver con la testosterona, pero no cabe duda de que el PP, desde hace algún tiempo, tiene un problema con sus mujeres, en una ridícula y esperpéntica adaptación a la española de la novela de Stieg Larsson, “Los hombres que no amaban a sus mujeres”. O para ser más precisos, las mujeres del PP tienen un problema con su partido.

A Teodoro García Egea parece molestarle que alguna de sus compañera pueda lanzar el hueso más allá de su marca personal y Casado no está dispuesto a que crezca la percepción demoscópica de su intrascendencia. Cuando en política la opinión pública te cuelga un ‘sanbenito’, de poco sirve que te dejes barba, te cortes la coleta o te rodees de los mejores asesores políticos. Eres un caso perdido. Si no, que se lo digan al bueno de Fernando Morán, una de las figuras más preclaras de la política y la diplomacia española, que se retiró de la escena con la percepción popular de que era un poco tonto, y nada más lejos de la realidad. Tampoco Rodríguez Zapatero, a pesar de sus esfuerzos por enfatizar sus cejas, se sacudió el ‘bambi’ que llevaba dentro para buena parte de España; ni Rajoy, pesa a defenderse bien en el cuerpo a cuerpo dialéctico, se sacudió sus balbuceos lingüísticos, que han quedado para la historia sonora de este país: “Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, por poner un único ejemplo. Casado no encuentra su sitio y a estas alturas es difícil que regurgite un ápice de carisma político.



Pero volviendo a las mujeres del PP y a los populares hombres que no las amaban, independientemente de los casos con los que se vieran salpicadas, el de Ayuso no es el primer conflicto. A la diosa del populismo de chotis y bocata de calamares le precedieron Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santaría, Cristina Cifuentes o Cayetana Álvarez de Toledo, todas ellas mujeres que apuntaban a lo más alto del organigrama orgánico y que casi tocaron el olimpo de los dioses con sus dedos, pero que cayeron a los pies de sus cremas y presuntas corruptelas en algunos casos, y en otros, del fraticidio político.

No se trata de defender ahora las políticas de rancho chulapón de Díaz Ayuso, sino de constatar un hecho de la política española y la guerra entre los hombres y mujeres del PP, quizá circunstancial, pero sospechosamente habitual en los últimos años.
Según los últimos datos del INE sobre participación de mujeres en cargos ejecutivos de los principales partidos políticos durante los años 2020 y 2021, el Partido Popular ocupa el sexto puesto con un 37’2 por ciento, detrás del PSOE, que lidera el ránking con un 59’5 por ciento, IU, Podemos, ERC y Cs y que cierra VOX con tan solo un 25 por ciento de mujeres en altos cargos, algo que todos deberíamos tener muy en cuenta, pero sobre todo las mujeres de este país, herederas de Victoria Kent, Margarita Nelken y Clara Campoamor, que fueron las primeras en conseguir entrar en el Congreso de los Diputados en 1931.