La bisagra
Raúl Beltrán

Homo jiennensis

Voy pasando paulatinamente en el transcurso de los años de la sensación a la certeza de que Jaén es un experimento sociológico de largo recorrido que ya está...

 Homo jiennensis

Foto: EXTRA JAÉN

Homo jiennensis.

Voy pasando paulatinamente en el transcurso de los años de la sensación a la certeza de que Jaén es un experimento sociológico de largo recorrido que ya está dando suculentos datos estadísticos y que a largo plazo podremos sentirnos orgullosos de haber contribuido al nacimiento de una nueva especie de homínidos, involucionados del ‘homo sapiens’ hasta convertirnos en ‘homo reservatis’ u ‘homo ovis’, si bien yo preferiría ‘homo jiennensis’ por no restar protagonismo a nuestro acervo, forjado durante siglos en la periferia del mundo contemporáneo.

Si en el ‘homo sapiens’ cuando los científicos hablan de su mente se refieren colectivamente a aspectos del entendimiento y la conciencia como combinaciones de capacidades como el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación y la voluntad, el experimento en sí al que me refiero consistiría en eliminar buena parte del raciocinio, la memoria y la voluntad, segmentar la percepción, y mantener intacta la emoción. Y estoy convencido de que estamos a un pequeño paso de conseguirlo y de formar parte ya de ese nuevo ‘homo jiennensis, dócil y crédulo, como un mero morador de la caverna de Platón.

La cercanía de las citas electorales es un buen termómetro para pulsar la fase en la que se encuentra el experimento sociológico, ya que mientras en otros territorios las fotografías propagandísticas (léase resultados de la gestión administrativa) que difunden los jefes de la tribu nos muestran el inicio de hospitales nuevos, en el caso de Málaga, aquí la instantánea se convierte en una visita a los terrenos silvestres, frondosamente cubiertos de jaramagos, donde en un plazo indeterminado de tiempo se harán la misma fotografía con el inicio de las obras. O viajando en modernos tranvías, mientras aquí simplemente no hay imagen ni se la espera. La respuesta muda y estática del ‘homo jiennensis’ demuestra el avanzado estado del proyecto piloto de involución homínida, hasta el punto de que cuando otra jefa tribal aseguraba esta semana que el primer AVE que circuló hace treinta años entre Madrid y Sevilla sirvió para acercar territorios y disipar desigualdades, a la vez que aludía a próximas ampliaciones hacia Huelva y Almería, el ‘homo jiennensis u ovis o reservatis’ permanecía inmóvil y dócil ante semejante estímulo científico, sin revueltas callejeras ni destrozos en el decimonónico mobiliario ferroviario local, en una noble y servil asunción de su devenir como ciudadano sedentario, fijado como un poste a su territorio y a su utilitario para conocer el futuro que florece ante sus narices a pocos kilómetros de su aldea, mientras los divergentes o errores del experimento emigran a la tierra prometida, a la vida real.



Y como quiera que toda villa tiene sus líderes, la otra respuesta transgresora y permitida en el experimento sociológico de involución es facilitar a los próceres de la alta burguesía que se doten a sí mismos de servicios privados, llámese hospital, colegios, o universidades, para mantener la ilusión del progreso contemporáneo al alcance de los vecinos de la caverna, que difícilmente podrán acceder a ellos, pero que como buenos ‘homos jiennensis’ ya celebran con gratitud y entusiasmo.

Alabado sea Dios, la Historia, con este experimento piloto, al fin pondrá a esta tierra y a sus moradores en un lugar prioritario en el futuro de la humanidad. Somos la locomotora del cambio social, del salto evolutivo del ‘homo sapiens’ al ‘homo jiennensis’, del antiguo sistema de lucha de clases al nuevo tiempo del hombre sumiso, grácil, algo cascarrabias, pero activamente útil y esencial para la selección natural social y económica en la que estamos inmersos.