Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Halcones, palomas… y buitres

Hay una derecha, con Ayuso y Abascal a la cabeza, que quiere convencernos de que el acuerdo el PSOE con Junts convierte a España en un pestilente muladar

La endiablada aritmética parlamentaria arrojada por el 23-J y la determinación ¬-para unos audaz, para otros temeraria y para no pocos desvergonzada- de Pedro Sánchez de seguir siendo presidente han forzado a los votantes socialistas a un viraje de 180 grados: ayer, ‘Puigdemont, mamón, entra en prisión’; hoy, ‘Carles, amigo, estamos contigo’.

Los votantes populares ya tuvieron que pasar en 1996 por un calvario emocional parecido: del ‘Pujol, enano, habla castellano’ al ‘qué bien que Aznar hable catalán en la intimidad’. Las cesiones de entonces del Partido Popular a CiU fueron acogidas con deportividad por el Partido Socialista, al contrario de como lo están siendo las cesiones de Sánchez a Junts y Esquerra.

Es cierto que Pujol no era (todavía) Puigdemont y que las renuncias socialistas de hoy son de mucho mayor alcance que las populares de antaño, pero también lo es que si hubiera sido Felipe González y no José María Aznar quien hubiera retorcido las leyes de la gramática sustituyendo Lérida por Lleida o Gerona por Girona en los textos oficiales, hubiera eliminado los gobernadores civiles, hubiera expulsado a la Guardia Civil las carreteras catalanas y hubiera indultado a terroristas de Terra Lliure, el PP se habría movilizado con una furia pareja con la que viene desplegando estos días. Desaparecieron los gobernadores y no pasó nada; desaparecieron los guardias civiles de las carreteras catalanas y no pasó nada; catalanizamos los topónimos y no pasó nada; indultamos a terroristas y siguió sin pasar nada.



Cuando se apruebe la ley de amnistía, ¿pasará algo? Sí, pero no sabemos qué. Que la ley, si no contiene una desautorización del Estado de derecho ni una deslegitimación de las sentencias de sus tribunales, tendrá efectos benéficos en Cataluña parece indudable. Y también lo parece que la aceptación de la misma por Puigdemont y los suyos significa de hecho su regreso del monte al que se echaron hace seis años y su renuncia puede que no formal pero sí material a una unilateralidad con la que pretendieron imponer en Cataluña un proyecto del país que excluía de su perímetro político y sentimental a no menos de la mitad de os catalanes.

En todo conflicto sociopolítico de envergadura, y el catalán lo es, quienes se sienten interpelados por él suelen dividirse en duros y blandos, en halcones y palomas. Inicialmente, en los años duros del ‘procés’, la mayoría de los españoles se alineaban en el bando de los halcones, y muy significadamente entre ellos Pedro Sánchez, hoy, sin embargo, transfigurado en palomo mayor del palomar del perdón: hasta la concesión de los indultos en 2021, la tesis más generalizada era que solo con mano dura cabía meter en cintura a los separatistas que habían burlado la Constitución y el Estatuto de Cataluña; en cambio, la mayoría de los catalanes se alineaban en el bando de las palomas: era preciso, pensaban, tender la mano para restañar heridas y reconciliar a Cataluña consigo misma y con España.

Tras aquellos indultos que tanto indignaban a los halcones de derechas pero también de izquierdas (Felipe González: “Yo no lo haría”; Alfonso Guerra: “Políticamente es totalmente indeseable; jurídicamente no es legal”), el bando de las rapaces fue menguando, sobre todo dentro de la izquierda. Indultar a Junqueras y los suyos resultó no ser tan mala idea: de hecho, hoy, ninguno de los antiguos halcones repite lo que entonces gañían. ¿Sucederá lo mismo con la amnistía si ésta logra el amparo del Tribunal Constitucional? Seguramente sí: los ciudadanos solemos ser bastante indulgentes con las decisiones políticas que, aun contrariándonos, resultan útiles. Los indultos fueron útiles y por eso nadie hoy, salvo el puñado de patriotas hiperventilados de siempre, los discute. ¿Ocurrirá lo mismo con la amnistía si resulta finalmente viable, que es algo que todavía está por ver? Y si a la postre supera todos los obstáculos, ¿será útil? Sí si sus beneficiarios tienen la decencia, la humildad y el coraje de respetar el espíritu de concordia y la promesa de reconciliación que son sus principios inspiradores, inspiradores de ésta y de todas las leyes de amnistía.

Pero, además de halcones y palomas, sobre todo conflicto siempre suele gravitar un tercer bando: el torvo bando de los buitres, cuyo alimento son los despojos de los cadáveres. Hay una derecha, con Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal a la cabeza, que quiere convencernos de que el acuerdo el PSOE con Junts, ha convertido a España en un pestilente muladar. “Nos han colado una dictadura por la puerta de atrás”, ha dicho con gran creatividad la presidenta madrileña, convencida de que desde ayer, 9 de noviembre de 2023, la democracia española es un cadáver. A los buitres, pues, no les faltará alimento.