El Partido Popular le tiene declarada la guerra al sanchismo. El uúltimo misil lanzado por el PP contra las posiciones socialistas ha sido un exitoso vídeo titulado ‘Las isla de las corrupciones’ que, sin complejos, sigue al pie de la letra las pautas propias de la propaganda de guerra: manipulación, simplificación, confrontación, exageración, desfiguración, deshumanización…
Leña al Perro hasta que deje el poder. Antes de la oficializada contra el sanchismo ya hubo otras dos guerras: hace unos 40 años la Alianza Popular de Manuel Fraga, viéndose impotente para derrotarlo en las urnas, desencadenó una guerra sucia contra el felipismo que duraría más de 10 años; y hace algo más de 20, en 2004, profundamente resentido por su derrota electoral, el Partido Popular de Aznar y Rajoy le declaraba la guerra al zapaterismo: el conflicto fue esta vez más breve, solo ocho años. La última guerra declarada por la derecha ha sido contra el sanchismo y dura ya siete años, desde que en el verano de 2018 Pedro Sánchez desalojara a Rajoy de la Moncloa con una moción de censura que el PP, un partido con serias dificultades para gestionar su resentimiento, todavía no ha logrado digerir.
Excusas y razones
Las razones de la derecha para ir a la guerra santa en plena democracia casi siempre han sido meramente instrumentales. En realidad, han sido más excusas que razones propiamente dichas: no en vano algunas de las decisiones políticas de González y Zapatero que, según sus escandalizados detractores, destruirían España y arruinarían la paz y la convivencia y, por tanto, hacían inevitable la guerra, a la postre serían consentidas, adoptadas o implementadas por la propia derecha cuando alcanzó el poder, primero en 1996 y más tarde en 2011.
Las concesiones de González a Pujol o Arzalluz fueron chuches, morralla, calderilla comparadas con las que luego comprometería Aznar con cada uno de ellos. La corrupción felipista fue un juego de niños comparada con las andanzas de los Rato, los Bárcenas, los Correa, los Bigotes, los Granados… La ley de matrimonios homosexuales de Zapatero iba a acabar con la familia… hasta que relevantes altos cargos del PP se casaron con sus novios y se quedaron tan panchos. El reproche a Sánchez es que está haciendo trizas la Constitución y acuchillando a España por la espalda con el puñal servido por un Puigdemont que con toda seguridad dejará de ser el ogro que es ahora si mañana sus votos le fueran imprescindibles a Feijóo para gobernar.
“La misma mierda”
Felipismo, zapaterismo, sanchismo serían, pues, la “misma mierda”, dicho sea con todo respeto pero por recuperar aquella fea expresión que hace 26 años Felipe Gonzalez, cuando todavía era Felipe González, utilizó para meter en el mismo denigrante saco a José María Aznar y Julio Anguita. El Felipe de hoy jamás haría una equiparación como aquella; más bien se despacharía diciendo que sanchismo, zapaterismo, independentismo, chavismo, podemismo… son la misma basura. No está claro que lo sean, pero quien con toda seguridad sí que no es el mismo es Felipe González: los resortes que disparan hoy su indignación nada tienen que ver con los de antaño.
¿Está siendo la III Guerra Antisocialista más fiera de lo que lo fueron la I y la II? Quienes tenemos memoria de ambas diríamos que no, aunque esta última contienda haya incorporado algunas novedades. La I Guerra Antisocialista (1986-1996) puede ser llamada con propiedad la Gran Guerra: las derechas estaban dispuestas a poner en riesgo incluso la estabilidad del Estado con tal de liquidar a Felipe González. La coordinación entre políticos y periodistas fue entonces casi perfecta, como también lo fue la exhibida entre ambas divisiones civiles durante la II Guerra Antisocialista (2004-2011), si bien el alcance y ferocidad de esta fueron notoriamente inferiores a los de la Primera.
La nueva División Azul
La guerra contra Sánchez o III Guerra Antisocialista ha recuperado las tácticas y métodos puestos en práctica por el antifelipismo en la primera mitad de los 90, aunque incorporando la importante novedad de sumar a sus divisiones política y mediática una división judicial que apenas tuvo participación en los dos conflictos anteriores y que en esta está teniendo un protagonismo determinante.
Voluntarios todos ellos, los jueces y fiscales que se han alistado a esta renovada División Azul contra el Infierno Rojo no son muchos pero sí aguerridos: como sucedía con sus camaradas de 80 años atrás, su entrega a la causa viene dictada más por el odio y la fe que por el vil metal, aunque no por ello los heroicos divisionarios dejan de mirar de reojo los beneficios curriculares que bien podrían obtener más adelante exhibiendo, con modestia pero con determinación, la hoja de servicios prestados a la Patria cuanto tantos peligros y asechanzas se cernían sobre Ella.
Teoría del lobo
González, Zapatero, Sánchez. Tanto monta, monta tanto. Les sucede a los tres como al lobo reincidente de Ferlosio, al que le negaron en dos ocasiones la entrada en el Cielo alegando su guardián, la primera vez, que mataba y, la segunda, que robaba; cuando el pobre lobo llamó a las puertas de la Bienaventuranza una tercera vez, hubo que decírselo: “Tú lo has querido! Ahora te irás como las otras veces, pero esta vez no volverás jamás. Ya no es por asesino. Tampoco es por ladrón. Ahora es por lobo".
Pedro, José Luis, Felipe, prestad atención: “No os ofusquéis, la guerra contra vosotros no era nada personal, son solo negocios; no os declaramos la guerra por lo que hicisteis, sino por lo que, estando ahí vosotros, no podíamos hacer nosotros. Felipe, la guerra contra ti no fue por corrupto; ni la declarada contra ti, José Luis, fue por temerario o manirroto; ni la que ahora, Perro, sufres tú es por traicionar a España. No os declaramos la guerra por corruptos, temerarios o traidores: os la declaramos por socialistas”.